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El estallido de Brasil

Una de las manifestaciones de ayer en Brasil

Era el 26 de octubre cuando la presidenta brasileña Dilma Rousseff, candidata del Partido de los Trabajadores, logró una corta y peleada victoria en las presidenciales que le garantizaron la reelección, frente al candidato del Partido Socialdemócrata, de centro derecha, Aécio Neves, que tenía el apoyo de futbolistas como Neymar y que había pasado a segunda vuelta de forma inesperada. Sin embargo, el triunfo de la presidenta Rousseff en esas elecciones no fue como el de 4 años antes, y unos pocos meses después de que más de 54 millones de personas le dieran su voto, pasa por el momento más duro y complicado de toda su presidencia, en el que hay dudas sobre su continuidad en el poder, y con un pueblo completamente levantado e indignado por la situación de crisis económica y de una corrupción que parece instalada en lo profundo del sistema político.

La principal razón de este hartazgo ciudadano contra la presidenta que ha cristalizado en multitudinarias marchas por todo el país es la profunda corrupción instalada en el seno de una de las empresas públicas más importantes de Brasil, todo un buque insignia como Petrobras. La petrolera era uno de los principales motivos de orgullo en 2010 de la entonces candidata Dilma, sin embargo, 4 años después, el escenario cambió totalmente, y aparecer defendiendo Petrobras no era entonces una opción. El candidato opositor, Aécio Neves, intentó aprovechar el escándalo para hacer daño a su rival, señalándola como la principal responsable política. A pesar de que Dilma, en parte por el gran apoyo que hay a su partido en el país, consiguió vencer, la situación le ha estallado en la cara, y pende de un hilo su credibilidad.

Asimismo, y como señalan todos los artículos, la presidenta de Brasil se enfrenta también a una crisis económica, y a un país en que las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más grandes. El músculo del apoyo político a Dilma y al Partido de los Trabajadores es el de la gente con menos recursos, y a ellos les mantiene, sin embargo, las personas que se han manifestado pertenecen en líneas generales a sectores de la población más educados, y que son menos fieles a la presidenta. El origen de la marcha era unirse para pedir el 'impeachment' y posterior destitución de Dilma Rousseff, aunque algunos, previsiblemente las personas que están más cercanas ideológicamente a la presidenta, solamente solicitaban que la situación del país mejore, y que la situación económica, lindando la recesión, cambie para bien.

Brasil parece el último ejemplo de esa frase tan oída durante la crisis, "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Cuando Dilma Rousseff se convirtió en presidenta, el país había sido designado como organizador del Mundial de 2014, y la ciudad más poblada, Río de Janeiro, había logrado la nominación para albergar los Juegos Olímpicos de 2016, venciendo entre otras candidaturas a la de Madrid. Era un país en pleno crecimiento, en uno de sus mejores momentos, considerado como una de las potencias del nuevo siglo. Se hablaba de BRICS para hablar de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los países que más crecerían según todas las previsiones. Sin embargo, la crisis económica frenó todo lo que se había dicho anteriormente, y no fue hasta los últimos años cuando Brasil cayó en una situación bastante penosa que es la que en este momento ha estallado y ha provocado que las manifestaciones regresen a las calles.

El regreso de la democracia a Brasil, después de la dictadura militar, se produjo en 1985, con la elección de Tancredo Neves, del Partido Socialdemócrata Brasileño. Tancredo era el abuelo de Aécio Neves. Tenía una salud pésima, y no llegó a tomar posesión, falleciendo tras un tiempo en coma. En 1992, el presidente Fernando Collor de Melo fue procesado y destituido por un delito de tráfico de inflluencias. Diez años después, se hizo historia, con la elección del líder sindicalista Lula da Silva como presidente de Brasil. Lula había perdido tres veces, pero guardaba la esperanza de ganar. En 2002, fue el líder más votado de la historia de su país. El triunfo del PT abrió una nueva etapa en el país, porque era la primera ocasión en mucho tiempo en que un político progresista, de izquierdas, era elegido, concretamente desde que un golpe de Estado destituyó al presidente Joao Goulart. Las crónicas hablan de multitudinarias manifestaciones de ciudadanos cariocas celebrando la efeméride.

Después de ser reelegido en 2006, y terminar su mandato, Lula eligió como sucesora a su jefa de Gabinete y antigua ministra de Minas, Dilma Rousseff. Rousseff había estado en el equipo de Lula desde el primer momento, y su elección en 2010 estuvo poco cuestionada, pese a que había personas en el equipo del presidente que tenían más experiencia que ella. Sin embargo, la elegida fue Dilma, una mujer represaliada y torturada en la dictadura militar brasileña, como también le ocurrió en su país a Michelle Bachelet, presidenta chilena, una madre divorciada que se había echado a sus espaldas todo lo que iba llegando a su vida, y que había llegado muy lejos. Dilma venció contundentemente a José Serra en 2010, y se convirtió en la primera presidenta mujer de la historia de su país.

Ya como presidenta, Dilma consiguió mantener un gran apoyo en los primeros tiempos de su mandato gracias a las populares y hasta cierto punto populistas medidas que llevó a cabo. Sin embargo, empezó a conseguir una serie de enemigos, entre ellos el colectivo LGBT, quien criticó la tibieza de algunas de sus medidas. A pesar de esto, una de sus principales medidas de cara a las elecciones fue la propuesta de criminalización de la homofobia. Pero le alcanzó la crisis, poco a poco, y como siempre suele pasar, mientras ella lo negaba y la oposición lo intentaba meter en todos los debates. Eso dio lugar a una situación política muy polarizada, y la presidenta Rousseff se vio obligada a pedir ayuda a Lula en su campaña para conseguir la reelección. Una vez la consiguió, dejó a un lado las medidas de crédito, más de izquierda, y anunció que se subirían los impuestos y que se harían recortes. De ahí aparecieron las protestas.

No hay que olvidarse que en Brasil tienen mucha importancia sus futbolistas y sus músicos, en la cultura y en la política. La mayor parte de los primeros, con Ronaldo y Neymar a la cabeza, así como el piloto de Fórmula 1 Felipe Massa, se colocaron en la campaña de Aécio Neves, apoyando el cambio. Dos de los futbolistas más importantes del país en los años 90, los delanteros Bebeto y Romário, son políticos. Bebeto es miembro de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, con el Partido Democrático Trabajador, y Romário fue elegido senador en las pasadas elecciones con el mayor número de votos recibido por un candidato, de la mano del Partido Socialista Brasileño. Del otro lado, están los cantantes y músicos, leales a Lula y Dilma. El caso más representativo fue el de Gilberto Gil, ministro de Cultura con Lula de 2003 a 2008, a pesar de no ser miembro de su partido. Otros músicos, como Caetano Veloso y Chico Buarque de Hollanda, han sido fieles al PT. Habrá que ver en qué lado se colocan en este momento.

Si los objetivos de los manifestantes llegan a sus últimas consecuencias, y Dilma Rousseff fuera destituida por el congreso brasileño, no se convocarían elecciones, sino que el sucesor sería el vicepresidente, Michel Temer. Temer es el presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, perteneciente al centrismo y a lo que se llaman los partidos "atrápalo todo", formaciones sin una ideología clara y que tratan de conseguir el mayor número de votos posibles. El PMDB lleva varios años del lado del PT y de la presidenta Rousseff, y si la situación se complica, volvería al palacio de Planalto, sede del gobierno, 10 años después de que el último presidente de ese partido, Itamar Franco dejara el poder.

No son pocos los ojos que se ponen sobre Brasil, especialmente en la zona, porque el país es una potencia regional. Muchas personas dentro del PT ven como solución la posibilidad de que Lula regrese al poder, pero lo cierto es que parece poco posible que, ante el desencanto de la sociedad, el partido que ha sido hegemónico durante los últimos años en el país pueda recuperar todo el apoyo perdido, y mucho menos la presidenta Rousseff. Esto puede resultar además muy importante, porque supondría el fracaso de un estilo de gobierno que se entendía como infalible. Para muchos, si el gobierno de Brasil cae, significaría el fin de una etapa. Por eso, el estallido de protestas en Brasil puede no solamente tener consecuencias en el país, sino inaugurar una nueva etapa en la política de toda la zona.

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Periodista y comunicador politico que quiere aportar una vision diferente de la politica internacional en todos sus escenarios, fuera de las noticias mas publicadas en los medios clasicos. En activo desde diciembre de 2014, siempre estamos reinventandonos para ofrecer la mejor informacion y la mas interesante.

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